Coproducciones/multipantalla: nuevas vueltas de tuerca

Para tener producción propia, los broadcasters y las plataformas necesitan hacer coproducciones, porque en soledad ya es muy difícil costear los proyectos, más los de gran envergadura. Así comenzaron no sólo las producciones internacionales entre varios países, combinando fondos públicos con privados. También la alianza entre TV abiertas, plataformas y operadores de TV paga, para lanzamientos multi-pantalla. Ahora hay nuevas vueltas de tuerca surgiendo, vale echarles una mirada.

En 2025, los realities de gran escala se consolidan como uno de los territorios más fértiles para el desarrollo de coproducciones multipantalla, donde la lógica ya no es exclusivamente televisiva. Formatos como Survivor, Gran Hermano, MasterChef Celebrity o La Voz funcionan hoy como ecosistemas de contenido, pensados desde su origen para convivir entre la TV abierta, el streaming, el VOD, las redes sociales y los dispositivos móviles. Esta expansión no sólo amplía audiencias: redefine modelos de negocio, estructuras de producción y esquemas de financiamiento.

El caso Survivor es paradigmático. Se trata de un formato premium, de alta complejidad operativa y presupuestaria, que en la actualidad requiere alianzas estratégicas entre estudios internacionales (Banijay), canales locales, productoras asociadas y, cada vez más, plataformas digitales. A la emisión televisiva se suman contenidos paralelos: streams de reacción, clips exclusivos para redes, cobertura en tiempo real, activaciones con influencers y extensiones digitales que multiplican el engagement y el valor publicitario.

Esta lógica se replica en otros formatos. Gran Hermano, históricamente coproducido en Argentina entre Telefe y Kuarzo, es uno de los ejemplos más acabados de coproducción sostenida en el tiempo, con una estrategia multipantalla que incluye transmisión 24/7, streaming en plataformas, recortes virales en redes sociales y contenidos exclusivos para YouTube. El formato dejó de ser un programa para convertirse en una marca viva, con presencia permanente en el ecosistema digital.

Algo similar ocurre con MasterChef Celebrity, que en su versión más reciente suma un entramado de alianzas aún más amplio: Fremantle como creador del formato, una productora local asociada (como Boxfish en Argentina), el canal broadcaster, y la participación de plataformas como HBO Max, además de ventanas complementarias en Pluto TV y YouTube. Este despliegue multipantalla permite maximizar la inversión inicial, extender la vida útil del contenido y atraer distintos perfiles de anunciantes.

En Europa, Top Chef España confirma la misma tendencia. El reality gastronómico combina emisión lineal, consumo bajo demanda, contenidos exclusivos para plataformas digitales y una fuerte presencia en redes sociales, reforzando el vínculo con audiencias jóvenes que ya no consumen televisión de manera tradicional. En todos los casos, el patrón se repite: ningún actor asume el riesgo solo.

Desde el punto de vista industrial, estas coproducciones requieren obligatoriamente la participación de productoras locales, tanto por razones operativas como regulatorias. Esto habilita el acceso a incentivos fiscales, rebates y beneficios impositivos, que se vuelven claves para la viabilidad financiera de proyectos de gran escala. La necesidad de anclaje local no sólo reduce costos, sino que impulsa empleo, transferencia de know-how y fortalecimiento de las industrias audiovisuales nacionales.

Para las plataformas, el movimiento es estratégico. Desarrollar realities premium en solitario resulta cada vez más costoso y riesgoso. Por eso, la coproducción con broadcasters tradicionales les permite compartir inversión, aprovechar marcas ya instaladas y garantizar volumen de audiencia. Así fue como se expandieron inicialmente las grandes producciones internacionales entre varios países, y ahora el modelo se adapta al plano local y regional.

Banijay con La Voz es otro ejemplo claro: el formato se sostiene a partir de una red de socios que incluye al creador del formato, la productora local, el canal y múltiples ventanas digitales. El resultado es un contenido que trasciende la pantalla principal y se convierte en una experiencia multiplataforma, capaz de convivir con nuevos hábitos de consumo sin perder masividad.

En este contexto, los realities multipantalla no sólo reflejan una tendencia: son la respuesta industrial a un mercado fragmentado, competitivo y de costos crecientes. Las coproducciones ya no son una opción, sino una condición necesaria para sostener contenidos de alto impacto. Y en esa convergencia entre TV, plataformas y productoras locales, aparecen nuevas vueltas de tuerca que están redefiniendo el futuro del entretenimiento no guionado, tanto a nivel local como global.